Antecedentes

En mayo de 2021 el entonces ministro de Política Territorial y Función Pública presenta unas «Orientaciones estratégicas para actualizar y reformar los procesos selectivos en la Administración General del Estado». El documento trata sobre diferentes cuestiones. Aquí hablaremos fundamentalmente de la que más le importa a un opositor: el cambio de programas en las oposiciones.

Eso es lo que parece sugerir el documento, ya que en esencia se trataría de “reducir los procesos selectivos a la mitad de tiempo, reducir también las pruebas de memorización, potenciar las pruebas prácticas». Y es que «en las pruebas selectivas para el acceso a la función pública el peso de las pruebas de conocimientos teóricos-memorísticos sigue siendo determinante, ya sea a través de exámenes tipo test u orales. Eso hace que, para los recién egresados, y sobre todo para los universitarios con titulaciones STEM, el empleo público y sus procesos selectivos de acceso no resulten atractivos al acabar sus estudios».

¿Por qué se adopta este planteamiento?

¿Un lobo en Jaca?

Es muy frecuente en los debates convertir un episodio aislado en una regla de carácter general. Un comportamiento que representa el 0,1 de lo habitual se presenta como característico de la totalidad. Hacer esto es bastante sencillo. En primer lugar lo que ha pasado no lo ha hecho un individuo, sino un colectivo. En segundo lugar, no se describe, sino que se califica.

Y así llegamos a sostener que si aparece un lobo en Jaca hay que desplegar el ejército en Madrid.

Porque no ha aparecido un lobo, sino el lobo. Y ese lobo («el lobo») no ha aparecido, sino que ha amenazado: en definitivaeso implica  su presencia. Y no amenaza a un pueblo concreto, sino otra vez generalizando, al ser humano. Por tanto, ante la figura del animal en un monte de Jaca se dirá que el lobo amenaza al ser humano y, en consecuencia se pedirá que el ejército salga a las calles.

Valga la hipérbole para explicar la base de la propuesta planteada.

Es de suponer que la mayor parte de los españoles se sorprendieron cuando el Gobierno les dijo que las oposiciones no eran atractivas para los jóvenes. Los procesos selectivos por lo general tienen miles de firmantes. Por miles, por cientos de miles si no son millones, se cuentan los que querrían ser funcionarios. Para miles de personas, si no son cientos de miles o millones, su destino profesional soñado es la Administración pública. Un puesto funcionarial se antepone a una lotería premiada con el gordo. En julio se publicaba una encuesta que decía que el trabajo preferido por los jóvenes españoles era en el sector público. Esta alternativa sumaba casi un 50 por ciento de las preferencias laboral, sumando sola tanto como las otras dos juntas (contratado por empresa o autónomo).

¿Entonces por qué dice el documento lo que dice?

El texto el que se plantea la reforma incluye una lista con 21 oposiciones en las que no se llega a cubrir el 70 por ciento de las plazas convocadas. Esto mostraría que «las oposiciones» no son atractivas.

Pero si leemos el listado con atención nos damos cuenta que las 21 oposiciones que se citan representan… el 2,21 por ciento de las plazas que ofertó la Administración del Estado en 2018. En el 97,79 por ciento restante no hay problema de atractivo. 638 plazas frente a 30.849. Pero en virtud de la teoría del lobo de Jaca, lo que pasa en lo poco representa lo que sucede en el todo.

Observemos más de cerca alguna de las oposiciones en las que quedan vacantes. Sorprende encontrar en el listado al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Miles, decenas de miles de personas, estudian carreras «de letras» que encajan perfectamente con esa oposición. ¿A una licenciada en Historia no le resulta atractivo un puesto seguro de por vida en un archivo o en una biblioteca? ¿Porque tiene que memorizar muchos temas? ¿Si ponemos menos temas y más prácticos entonces se cubrirían más plazas?

Fijémenos en un detalle. La oposición al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos exige conocer dos idiomas extranjeros, inglés y alemán, francés, italiano o portugués. ¿No será tal vez esto, en vez de la memorización, lo que no hace a esta oposición atractiva (o más bien accesible)?

En listado de oposiciones que no se cubren aparecen otras que se caracterizan… por tener examen de contabilidad. Y curiosamente la reforma propuesta aboga por aumentar los ejercicios relacionados con la práctica, lo que suena magnífico pero luego en la realidad -al menos si la práctica se basa en números- no está nada claro que sea un reclamo. Otras oposiciones en las que hay problemas de cobertura refejan la dificultad de reclutar personal en sanidad e informática. De hecho, si excluimos estos dos ámbitos las plazas en las que hay dificultades de reclutamiento son el 0,8 por ciento de las convocadas. Y ya hemos puesto ejemplos de lo que se incluye -bibliotecas y archivos, por recordar un caso- dentro de este 0,8 por ciento de las convocatorias que tienen problemas de cobertura.

¿Existe alguna oposición «típica» en la que las plazas no se cubran por la extensión del temario? Entendemos por una oposición «típica» aquella a la que puede presentarse cualquier titulado superior (si hablamos del subgrupo A1, en donde parece haber más problemas), que convoque regularmente todos los años más de 10 plazas, y en la que se exija como máximo el conocimiento de un idioma adicional. ¿Existe alguna oposición así en la que podamos decir que no hay aspirantes porque el temario es memorístico?

Que nosotros sepamos, esa oposición no existe en España. No hay ninguna oposición regular, de acceso general, y con un solo idioma adicional, en la que un temario memorístico determine la falta de aspirantes. Ni la extensión de los temarios ni su carácter memorístico exigen una reforma global del modelo.

Incluso una reforma en ese sentido podría producir los resultados contrarios. Actualmente en cualquier proceso selectivo normal firman decenas de personas por plaza. Dar la apariencia de que se facilitan las oposiciones probablemente haría que procesos firmados por 15 personas por plaza fueran firmados por 30, 40, 50 personas por plaza. Si un opositor sabe que el esfuerzo puede tener recompensa, se esforzará. Pero si sabe que a lo que se presenta es a una especie de concurso de méritos con 50 firmantes por plaza y pruebas filosóficas que miden cualidades personales, pues entonces, como es natural, no se hará mucho.

De hecho, una reforma así no facilita el acceso a la Administración pública. Un proceso selectivo no es fácil o difícil por el programa, sino por la relación entre el programa y la competencia. Lo cual suele estar determinado por el número de plazas. Si una oposición tiene 100 temas memorísticos y se presentan 10 personas para 10 plazas lo que tengo que hacer es saberme los temas. Si una oposición tiene casos prácticos basados en 20 temas y firman 1.000 personas tengo que saberme los temas… y hacer los casos mejor que 980 personas. Cualquier opositor firma sin dudar un  temario memorístico de 100 temas con 10 plazas y 10 aspirantes. Eso es mucho más atractivo que ser uno más en las rebosanes aulas de la Universidad un domingo por la mañana.

El atractivo fundamental de las oposiciones no depende de los temarios. El atractivo de las oposiciones está en la regularidad -la seguridad de las futuras convocatorias-, el número de plazas, y la objetividad. Este último factor evidentemente también es crucial. Si el resultado depende de la suerte, de la inspiración, de la personalidad, se firmará la oposición, pero no se estudiará.

Así, simplificar los temarios no es hacer atractivas las oposiciones. Naturalmente esto es así si entendemos por «atractivo» la capacidad de motivar a una persona para que haga un esfuerzo de formación para obtener un puesto de trabajo. Si por «atractivo» entendemos que miles de personas firmen para que «les toque» un puesto de trabajo, entonces cuanto más fácil sea todo -lo ideal sería una simple entrevista- mejor.

Perspectivas

El Ministro impulsor de la reforma dejó Función Pública y pasó a ser titular de la cartera de Cultura en julio de 2021. Parece que estaba trabajando en medidas que se plasmarían en la Oferta de Empleo Público de 2021. Esa Oferta sería aprobada, bajo la dirección de otra Ministra, sin ninguna novedad.

Las «Orientaciones estratégicas» prevén que se elabore un Plan ejecutivo que será «elevado a la Comisión Superior de Personal antes del 31 de diciembre de 2021». «Elevado» no significa aprobado formalmente como tal Plan ni publicado. Se supone que ese Plan tendrá plena efectividad en la Oferta de Empleo Público de 2025.

Naturalmente estamos hablando de mucho tiempo. El Gobierno puede estar formado por otros partidos. Que haya continuidad en la reforma propuesta parece bastante difícil. Ya hemos comentado que su propia idea básica -que las oposiciones no son atractivas- es algo abiertamente discutible. En el breve debate que siguió a la presentación de la iniciativa quedó claro que bastantes representantes de Cuerpos superiores de la Administración no compartían el criterio ministerial. Es decir, no hay un consenso claro que lleve a pensar que la reforma es cosa decidida y su implantación una cuestión del tiempo necesario para precisar los detalles.

Tal vez prosperen algunos elementos de la propuesta de los que no hemos hablado (profesionalización de los órganos de selección, calendarios de los procesos selectivos…), pero un cambio radical de modelo es ahora mismo poco probable. Y, de producirse, parece que lo sería en una fecha lejana.