20 de julio de 1921

En las Huelgas

BURGOS 21.- A las nueve de la mañana, los reyes, el infante don Fernando y el séquito de sus majestades y alteza, se trasladaron al Real Monasterio de las Huelgas.

Fueron recibidos por la abadesa mitrada, que hizo entrega al soberano de las llaves de la clausura. Don Alfonso abrió la puerta, dando paso a la reina, al infante y demás personas que lo acompañaban.

Los monarcas visitaron los panteones, altares y el claustro durando la visita media hora.

A la salida, el rey volvió a cerrar las puertas de la clausura, devolviendo a la abadesa mitrada las llaves, que, por privilegio especial, sólo pueden ser entregadas a los reyes e infantes de España.

Desde el Monasterio se trasladaron los reyes e infante al palacio arzobispal para cambiar de ropa.

La fiesta en la Catedral. El orfeón de Azcoitia

A las diez salieron de nuevo sus majestades y alteza, dirigiéndose por las calles de la Isla y Arco de Santa María a la Catedral, penetrando en el templo por la puerta del Perdón.

En la terraza de la Catedral se había colocado el orfeón azcoitiano, que llegó esta mañana en tren especial y que fue recibido con entusiasmo.

A la llegada de los reyes cantó el orfeón la Marcha Real, armonizada por el Padre Otaño, con letra del poeta don Eduardo Marquina.

Los soberanos entraron en el templo bajo palio, cuyas varas eran llevadas por el Cabildo. Don Alfonso, doña Victoria y el infante don Fernando, tomaron asiento en los sitiales que se habían preparado en el presbiterio.

En el lado izquierdo se había colocado un sitial, que ocupaba al Nuncio de Su Santidad monseñor Tedeschini, y en la nave central tomaban asiento el Cardenal Primado, señor Almaraz; los Arzobispos de Burgos y Verápoly, los Obispos de Huesca, Salamanca, Palencia, Santander y Burgo de Osma, todo el séquito de los soberanos y las autoridades.

El templo estaba totalmente ocupado por los fieles. Ofició en la misa, de pontifical, monseñor Tedeschini.

Un Canónigo dio lectura al «breve» pontificio por el que se concede el título de Basílica a la Catedral burgalesa. A continuación, el Cardenal Benlloch pronunció una alocución saludando a los reyes y recordando las glorias de la histórica Catedral. El discurso de su eminencia el Cardenal Benlloch, fue inspiradísimo.

Recordó el Cardenal la figura del Santo rey Fernando III, fundador de la Catedral que llevaba siempre a modo de pectoral la cruz redentora, y dirigiéndose a don Alfonso y doña Victoria, exclama «Per me reges regnan», dice el Señor, y vosotros tengo la seguridad de que desde aquel acto trascendental del Cerro de los Anhelos, vivís y reináis por Dios y para Dios y para España, y que vuestras augustas majestades seguirán el ejemplo de aquel santo predecesor vuestro en el trono de España, cuya reliquia adoráis hoy en este hermoso templo por él fundado.

Este Centenario -añade el Cardenal Benlloch- une a Castilla y a Valencia y a toda España en el recuerdo del rey Fernando y el Cid Campeador.

Vos, señor, -dice dirigiéndose al rey-, habéis dado pruebas de estar dispuesto siempre a derramar vuestra sangre por la Fe y por la Patria. Vos, señor, dijisteis un día que hay que revivir los hechos grandes de la Historia nacional y los personajes meritísimos que han que han coronado con el nombre do España y a ello vamos, empezando por este Centenario, que hoy conmemoramos.

Recordó seguidamente el Cardenal palabras de Su Santidad al otorgar a la Catedral el título de «Basílica» y en ese momento se dio lectura al «Breve» pontificio, que el rey escuchó puesto en pie y en actitud militar, rasgo que despertó el entusiasmo de la concurrencia.

Terminada la lectura del «Breve» pontificio, el Cardenal Benlloch puso fin a su discurso elocuentísimo, con párrafos hermosos, pletóricos de doctrina, y en ardorosas frasca entonó un himno a la Fe a la gloria de Dios y al porvenir de la España católica.

Durante la misa, las 700 voces del orfeón azcoitiano entonaron los oficios religiosos del Padre Otaño.

Al terminar se cantó un solemne Te Deum y los reyes abandonaron el templo cerca de la una, con el mismo ceremonial que a la entrada.

Al salir de la nueva Basílica, sus majestades pasaron revista a la compañía del regimiento de San Marcial, que les había tributado honores.

En la Exposición avícola

Los reyes y el infante marcharon después a la Exposición avícola, en la que ayer se adjudicaron los premios en todas las secciones. Las augustas personas, a quienes acompañaron el señor Castelló y la Junta organizadora, regresaron después al palacio arzobispal.

En éste se celebró el almuerzo oficial, al que asistieron el ministro de Instrucción pública, señor Aparicio, los Prelados, autoridades y representantes en Cortes. Al terminar el almuerzo, los reyes marcharon a la Exposición de Arte retrospectivo.

Durante toda la mañana ha dado un concierto en el Espolón la Banda municipal de Valencia, siendo escuchado por numeroso público.

Exposición de Arte retrospectivo

BURGOS 20.- En el Seminario de San José se ha inaugurado esta tarde la Exposición de Arte retrospectivo, bajo la presidencia de los reyes. El secretario de la Junta magna del Centenario, don Eloy García Quevedo, leyó una notable Memoria en que se pone de relieve la importancia de esta Exposición, ya que los historiadores, los arqueólogos y los artistas vendrán a estudiar estas páginas vivas de la Historia.

El ministro de Instrucción pública leyó un discurso, que fue muy aplaudido, acerca de «La Iglesia y el arte». En párrafos brillantes afirma que la Catedral de Burgos es el alma de Castilla, y Burgos, el solar clásico donde con más fuerza latió la fe.

En la inauguración de la Exposición de Arte Retrospectivo pronunció el rey un hermoso discurso.

Para la reina y para mi es motivo de satisfacción inmensa sumarnos a las fiestas con que Burgos celebra el centenario de su Catedral, monumento que puede considerarse símbolo el más elocuente de los que Castilla fué en el pasado y de lo que seguramente ha de ser en el porvenir.

La Catedral dejará desde ahora de ser tan sólo la obra de arte, cuyo fin principal era el de poner una nota de gran belleza en las colecciones de tarjetas postales dedicadas a los monumentos de España. Desde este momento, a todo el que sienta en español le hablará con palabras que hasta el corazón le lleguen, por recordarle una época de las más gloriosas de la historia Patria.

Dedicó luego unos párrafos a la reliquia de San Fernando, traída de Sevilla a Burgos. Esta reliquia -dijo- es símbolo de verdadera hermandad entre dos ciudades españolas: y ¡qué mayor satisfacción para un Rey que ver así, unidas en unos sentimientos análogos, a ciudades de tanta cultura, de tal importancia histórica, y que tal influencia pueden tener en los destinos de su reino!

Terminada la ceremonia oficial, los reyes, con el ministro y los Prelados y autoridades, visitaron detenidamente la Exposición. Esta constituye un admirable alarde, pues se ha logrado reunir más de un millar de obras de arte y documentos de carácter histórico y religioso. El monarca inquirió con frecuencia por muchos de los objetos que examinaba.

El rey sabe que los burgaleses y todos los españoles son uno solo para trabajar por el engrandecimiento de la patria». Los vivas y la ovación con que la enorme concurrencia acoge estas palabras del rey son ensordecedores.

En la plaza de toros

A las cuatro de la tarde había terminado la visita, y los reyes se dirigieron a la plaza de toros, a fin de asistir al concierto del orfeón azcoitiano. El público aplaudió a los reyes en el trayecto, y al aparecer en la plaza los hizo una larga y cariñosa ovación.

El orfeón azcoitiano, dirigido por el maestro Otaño, cantó la Marcha Real, acompañado por las Bandas de Música de los regimientos de San Marcial y de la Lealtad y la Municipal de Valencia. El conjunto fue verdaderamente admirable. El rey y todo el público escucharon la Marcha Real en pie. El monarca contestó a las manifestaciones de afecto saludando militarmente. En el programa de las fiestas, que fue muy interesante, figuraban también cantos y bailes populares del país. Poco antes de terminar la fiesta abandonó la plaza de toros el rey, y a continuación la reina.

Conferencia del señor Menéndez Pidal

BURGOS 20.- Después de oír el concierto del orfeón de Azcoitia, concurrieron los reyes y el infante al teatro Principal, donde el señor Menéndez Pidal dio una interesantísima conferencia, enalteciendo la figura del Cid en la Historia. Defendió al héroe castellano de las diatribas de que ha sido objeto por parte de algunos historiadores, y señaló su significación y su importancia en la obra de la reconquista. La numerosa concurrencia aplaudió al conferenciante.

Desde el teatro, los reyes se trasladaron al palacio arzobispal, y presenciaron desde el balcón el desfile de la suntuosa procesión del Santísimo Sacramento, que de la histórica iglesia de Santa Águeda se dirigió a la Catedral. Ofició el Nuncio, y asistieron todos los Prelados y el Ayuntamiento.

Seguidamente marchó el rey con su séquito al histórico Monasterio de San Pedro de Cerdena, donde han permanecido durante muchos siglos los restos del Cid y de doña Jimena. Por la noche se celebró en el teatro una función regia.